Desatinos esenciales, aciertos accidentales (por Robert Martínez)

(…) Actualmente, y gracias a la experiencia acumulada de cientos de astrólogos, tenemos definiciones más precisas, profundas y certeras sobre planetas, signos y casas. Pero Plutón nos recuerda que uno de los peligros de ir demasiado  lejos es que olvidemos el origen y el propósito inicial. Si en un principio los atributos de cada planeta derivaban de sus proporciones de calor y humedad (con sus respectivos opuestos, frío y sequedad), debemos ser conscientes de esa base antes de introducir modificaciones en el sistema. No basta con que se nos ocurra situar a Plutón en Sagitario en  caída porque éste estaba allí ubicado cuando perdió “oficialmente” su categoría de planeta. No se trata de acumular evidencias que refuercen la inducción en este sentido, ya que antes habría que plantearse si debemos aplicar las mismas reglas clásicas a los planetas exteriores, porque si les incluimos, también nos veremos obligados a aceptar sus nuevas reglas de juego. Unas reglas que, probablemente, aún ignoremos. No hay ningún inconveniente en aplicar la astrología clásica con sus siete planetas tradicionales siempre que sepamos en qué contexto y en qué supuestos funciona. Los nuevos elementos exigen un cambio radical en la base. Y sin este cambio, me temo, nos quedamos a medio camino, metiendo con calzador asteroides, planetas enanos y puntos imaginarios. Si aceptamos a los nuevos invitados, tendremos que actualizar las instalaciones para que se acomoden y encuentren su auténtico lugar.
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